Hoy en día los paisajes son nucleares, las marinas rezuman chapapote, los bodegones sólo reproducen basura y naturalezas muertas, jarrones con flores marchitas y cardos borriqueros, las monnalisas lloran abusos de machos descerebrados pero con dos cojones, no hay retratos tan sólo caricaturas de gente con pasta pero sin lustre, los discóbolos tiran, sí, pero con cocteles molotov ... ya no hay tregua, ni siquiera en el arte.

lunes, 4 de enero de 2010

John Wayne cabalga de nuevo...en avispas.
El Gobierno estadounidense trabaja en la colocación de chips de silicio en insectos para teledirigirlos luego con fines militares
No estamos desgranando el guión de un thriller fantástico y fantasioso. No se trata de la reedición de un relato de Asimov. No pronuncio por escrito las ensoñaciones de un joven ilusionado por la ciencia ficción. No lo hago cuando digo que el Gobierno estadounidense trabaja en la colocación de chips de silicio en insectos para teledirigirlos luego con fines militares. Científicos de la Agencia de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA, Defence Advanced Research Projects Agency), llevan tiempo estudiando el modo de implantar un microchip cuando el insecto se encuentra en estado larvario, para manipularlo después por control remoto. [Puede verse abajo, en el esquema de la BBC] [Photo] Instalando los chips cuando el insecto es joven, se consigue la integración del circuito en el cuerpo del animal. El insecto, que sería de tamaño grande y volador (polillas, libélulas, etc.) crecería con el circuito en su interior y respondería a voluntad de sus controladores. Desde la DARPA, y aprovechando las metamorfosis de los animales, se intenta insertar componentes electrónicos en la zona del abdomen, para guiar así sus movimientos. La fase metamórfica de los insectos tiene como fin reponer tejidos. Ante un objeto extraño, no sería difícil para el organismo reposicionar los órganos en torno al elemento intruso. A día de hoy, no se ha conseguido criar insectos con chips implantados. Pero según declaró para The Washington Post el ex miembro de la CIA, Antonio Méndez, que fue condecorado en dos ocasiones por la agencia de espionaje de EEUU, «todo puede funcionar si le dedicas suficiente tiempo y dinero». Da miedo pensarlo. ¿Quién sospecharía de una simple polilla parduzca revoloteando torpemente por el techo? Quizá llegue un día en que, según las intenciones de sus creadores, la polilla sea en realidad un «instrumento» de espionaje que podría llegar a portar una microcámara en la cabeza y convertirse en el peor enemigo. El experto doctor en entomología George McGavin, de la Universidad de Oxford, dijo que la idea le parecía «ridícula» para BBC News: «Lo que los insectos adultos necesitan hacer es básicamente reproducirse y poner huevos. Se deberían reconstruir todos los patrones cerebrales de manera absoluta.» El día en que ejércitos de insectos robotizados levanten vuelo con fines de espionaje o guíen bombas a distancia, será el momento en que valga la pena retirarse a pensar en el actual vértigo de valores, quedando socavado, indefinido y deformado el sentido común. Antecedentes de «robots-insectos» La idea de aprovechar el tamaño, la ligereza y rapidez de un insecto volador para espiar al vecino no es nueva. Sin llegar a implantar mecanismos a seres vivos -encarnando este último avance una neurosis tecnológica destructiva-, investigadores del Pentágono siguen la pista desde hace tiempo a la construcción de un robot en miniatura, del tamaño y forma de un insecto, que no resulte detectable por el objetivo. Esto es posible gracias al llamado «algoritmo Strouhal», que describe el movimiento del ala de un ave, la aleta de un pez o los élitros de un insecto. El físico Cenek Strouhal (1850-1922, en la foto) sentó las bases para la emulación del movimiento de animales nadadores y voladores. Hace treinta años, gracias entre otras cosas al aporte de Strouhal, la CIA fabricó una libélula de tamaño natural que funcionaba con gasolina. DARPA -fundada en 1958 para desarrollar tecnología militar estadounidense con vista a la Guerra Fría-, seguirá trabajando para conseguir seres vivos automatizados. Yo, por mi parte, seguiré pensando que la realidad supera a la ficción (en este caso a la ciencia ficción), pero con la desventaja de no poder cerrar el libro, apagar la televisión o salir del cine y terminar con una historia desagradable.

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